Hace ya muchos años, en mi primer viaje al extranjero , me topé, paseando, con un
cementerio italiano, casi a mis pies, que me impactó por su grandiosidad, siendo tan
pequeño y casi abigarrado. La impresión sufrida se debió a que en ese momento pensé:
"Así son los italianos: aman la belleza, son pasionales, temperamentales y,
sobre todo, leales con los suyos".
Desde entonces, los cementerios han ofrecido un gran interés en todas las rutas de mis viajes.
Sin embargo, hasta años más tarde no me atreví a tomar fotografías de mi gran pasión
con el mismo fin con el que todo el mundo toma fotografías en sus viajes:
recordar lo sentido en el momento vivido. Los cementerios son, para mi y para muchos
otros (según he podido averiguar), un reflejo de las culturas que los albergan. Tanto, que
pueden ser modificados a lo largo de los tiempos. Esa es mi intención presentando el contenido
de estas páginas; ofrecer un turismo distinto, en ningún momento con intención morbosa,
gore o escatológica ni faltando al respeto a aquellos que depositaron su cariño en el
momento más duro para un ser humano: despedirse de sus seres más queridos.